Predicaciones

I MENSAJE CENTRAL

Muchas veces cuando leemos o escuchamos la palabra de Dios, creemos que Dios les habla a otros y no a nosotros, pero siempre es importante escuchar su palabra con mucha fe y una gran expectativa de que algo o mucho pueda hacer en nosotros y no solamente en otros.

El mensaje de hoy nos hará voltear a mirarnos.

II          INTRODUCCIÓN

 

Ser termómetro o ser termostato sería la pregunta.

 

Hace muchos años escuché una metáfora, que era muy usada por los “coaches” de desarrollo humano de antaño, esas personas que se les llamaba “motivadores”, después se les llamó “entrenadores mentales”, apareció el coaching, hasta llegar hoy a conocerse como “influencers”.

 

Ellos planteaban que en nuestra manera de pensar no debíamos ser termostatos sino termómetros, porque los termostatos tienen un límite que los hace parar, en cambio los termómetros no tienen ese límite y son capaces de seguir avanzando sin límites, según aumente o disminuya la temperatura.

 

Pero, después escuché lo contrario: que no debemos ser termómetros porque los termómetros solo miden las circunstancias externas, pero son pasivos, solo perciben la temperatura, en cambio los termóstatos tienen “actitud”, porque ellos modifican el ambiente a la temperatura que hayan elegido.

 

Por ejemplo, en un auto, cuando el agua se empieza a calentar a cierta temperatura alta, el termóstato manda una seña al ventilador y la enfría; o en un clima, se le indica que la habitación cambie a 22 grados en vez de los 38 que hay afuera y el termostato no se detendrá hasta que llegue a conseguir los 22 grados.

           

Pero al final, reflexionando un poco sobre esto me llamó la atención que ambos pensamientos tienen algo de razón, porque no podemos solo ser termómetros y ser como espectadores de lo que está pasando afuera, sino que debemos ser capaces de modificar el entorno, pero también es bueno que sepamos medir lo que pasa en el entorno más allá de nuestros propios límites o nuestras propias responsabilidades para estar atentos a las señales de una sociedad que va evolucionando.

 

Así que, con independencia de coaches, motivadores o influencers, yo pienso que es bueno tener un termómetro y un termostato en nuestra cabeza. ¿Me sigue hasta aquí?

 

Bueno, pues ese pensamiento dio lugar al mensaje de hoy, porque Dios me habló al corazón y me dijo: Y ¿Por qué no ser mejor la temperatura y no solo alguien que solo observa y opina como el termómetro o alguien reactivo que observa y actúa como el termostato?

 

¿Por qué no ser nosotros quienes determinemos la temperatura del ambiente en la vida que queremos tener? ¿Por qué no ser nosotros los que determinen el rumbo de nuestra familia o de nuestros sueños y anhelos y no alguien que tenga que esperar a que “algo pase allá afuera” para que podamos entrar en acción?

 

Somos la sal que cambia el sabor de la tierra.

 

Ser la temperatura, ser quienes cambien el ambiente, quienes cambien las circunstancias, eso es lo que el Señor quiere de nosotros sus hijos, los que nos llamamos cristianos. Jesús nos lo dijo:

 

Mateo 5:13-16 “13Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. 14Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”

Jesús dijo que somos la sal de la tierra y la luz del mundo. La sal cambia el sabor, lo hace crecer, o potencializa, también la sal preserva la comida, modifica el entorno. La luz da un sinnúmero de oportunidades a su entorno de hacer muchas mas cosas que la oscuridad.

 

Así que, si bien es cierto es bueno a veces ser un termómetro y otras ser un termóstato lo mejor es decidirnos a ser la temperatura, ser el factor que influencie al entorno y no solo un medidor del entorno.

 

Pero hablando de temperatura, Jesús nos dice en el Apocalipsis:

 

Apocalipsis 3:15-16 “15Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

Fríos o calientes, pero no tibios, o sea, que hay tres temperaturas que podemos ser: Fríos, calientes o tibios, así que es muy importante medir nuestra temperatura espiritual constantemente, ¿no cree? De aquí que el mensaje de hoy lleva por título: Mídete la temperatura. (Y no para el Covid-19).

 

 

III         DIOS NO HARÁ LO QUE A TI TE TOCA

 

Ser la temperatura te debe decir que eres tú quien tiene que hacer que las cosas sucedan y no sólo esperar a que sucedan para actuar.

 

No somos fanáticos.

 

Cuando a los cristianos nos llaman fanáticos, a mí me molesta, pero no por lo que ellos piensan, no porque se burlen de nuestra pasión por Cristo, sino porque un fanático representa a alguien que está atrás de una alambrada o de un televisor, si, echando gritos y porras alentando a su equipo, pero muy poco o nada puede hacer por su equipo. Ese no soy yo, ni creo que sea usted.

 

Un cristiano es un jugador activo en el equipo de Dios, un jugador de cancha, tal vez, el más pequeño, el menos importante, si usted quiere, pero un jugador que marca la diferencia en su entorno, no solo un aficionado a Cristo que se le oye cantar alto los domingos y su conducta deje mucho que desear, por eso yo no me considero un fanático, sino un jugador apasionado listo para golear al adversario. 

 

Buenos deseos para el año nuevo no son suficientes.

 

Ya se está acercando el fin de este año tan difícil y diferente y se nos viene el 2021, y tendemos a pensar y creer que por el sólo hecho de que cambia el último dígito del año, ese nuevo año será mejor y te pasarán cosas mejores.

 

Pues creo que el 2020 nos confirmó que no es así, en el 2021 nada va a cambiar si tú no lo cambias. Si tú no te conviertes en la temperatura que quieres en tu hogar, en tus estudios, en tu negocio o en tus finanzas, hasta en tu salud, tu salud no va a mejorar si no haces cosas saludables ¿Me estoy explicando?

 

Orando y golpeando el mazo.

 

Aquí aplica un dicho católico, que no es Bíblico, pero que es muy cierto: A Dios orando y con el mazo dando. No es uno o el otro, no es todo orar y no hacer nada, ni tampoco es hacer y hacer sin orar y sin tomar en cuenta a Dios. No, se trata de hacer las dos cosas: Orar a Dios y hacer lo que te toca hacer, porque Dios no hará lo que a ti te toca.

 

(NVI) Proverbios 15:13 y 15 “13 El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu.15 Para el afligido todos los días son malos; para el que es feliz siempre es día de fiesta.”

Esto es ser, de una manera muy práctica, la sal de tu casa, de tu barrio, de tu vecindad o colonia, esto es ser la luz en tu trabajo, en tu negocio, esto es ser temperatura y no termómetro o termostato. ¿Me sigue?

 

IV         ¿POR QUÉ SON VOMITADOS LOS TIBIOS?

Apocalipsis 3: 16 “16Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

 

Que raro es que Dios prefiera que seas frío a que seas tibio. Parecería que lo tibio está más cerca de lo caliente que de lo frío, pero no para Dios, Dios dice: te recibo si eres caliente y te tolero si eres frío, pero te vomito si eres tibio.

 

Le está hablando a su iglesia.

 

Ojo acá, no le está hablando al mundo, no le está hablando a inconversos, le está hablando a una de sus siete iglesias, a Laodicea, entonces los tibios provienen de la iglesia y son creyentes.

 

Lo que se vomita se intentó tragar.

 

Que Dios haya usado la expresión vomitar tiene un significado especial. Algo que se vomita o se escupe, como dicen otras versiones, es algo que intentó tragarse, no algo que se rechazó desde el principio. Pero la expresión vomitar, que usa la Reina Valera, me gusta más, porque algo que se vomita es porque primero se tragó, pero un tiempo después, eso que se había tragado el cuerpo se dio cuenta que no lo debía recibir, que algo está descompuesto o simplemente que ese algo no le hace bien al cuerpo y el cuerpo decide vomitarlo, sacarlo del cuerpo, y eso es lo que le puede pasar al cristiano que se entibia.

 

¿Quién es un tibio?

 

¿Quién es un tibio? Igual que el agua puede llegar a ser tibia de dos maneras: Estaba caliente y se alejó del fuego y se entibió, o solo se puso cerca del fuego y por eso nunca ha llegado a ser caliente, sólo alcanzó a entibiarse.

 

Igual pasa con el hombre, que habiendo aceptado a Jesús como su Señor y salvador, que tenía una pasión por todo lo que Cristo representaba en su vida, pero con el paso del tiempo se fue enfriando o alguien que lo conoció pero sólo ha estado de lejitos con él.

 

 

 

V          LLEGANDO A “TIBIOLAND” LA TIERRA DE LA TIBIEZA

 

Yo descubro tres paradas antes de llegar a “Tibioland”

 

La primera parada en el camino hacia Tibioland, la tierra de los tibios es darte cuenta que ya casi no lees la Biblia o si la lees, la lees como una herramienta, a veces para predicar o para cumplir un plan, o para calmar tu conciencia, pero raras veces la lees como devocional para ti, para ver en que te puede cambiar, y eso le pasa mucho a la gente que tiene muchos años en el Señor y cree que ya Dios acabó con él y ahora solo se dedica a “ayudar a otros”, con la palabra, si, pero, ya no hay nada que Dios quiera o pueda trabajar con su corazón.

 

Por eso Dios tolera mejor a los fríos que a los tibios, porque un frío, que está claro en su postura, algún día, un buen día puede decir, “voy a ir a ver que me dice Dios”, y así ha llegado mucha gente al Señor. “Te voy a acompañar, pero solo una vez”, y de eso ya hace quince años y quedaste atrapado en la red de amor del Señor.

 

Pero los tibios ya todo lo saben, reciben palabra cada domingo, pero no la hacen su devocional, solo es más conocimiento, pero no algo que los pueda cambiar de verdad.

 

Isaías 29:13 “13Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;

La segunda parada en ese viaje a “Tibioland” es cuando te das cuenta de que tu ajetreada vida no te deja tiempo para orar.

 

El tibio se va a alejar del Señor, va a dejar de orar, de buscarlo, y no se sentirá mal, porque cree que la vida cristiana es un promedio y mientras no llegue a sacar 5 o menos, estará aprobado como cristiano, pero Jesús no enseña eso, Jesús dice: Caliente o frío, conmigo o contra mí, porque tu tibieza me produce arcadas, no te puedo retener, te tengo que vomitar.

 

La tercera parada rumbo a la tibieza.

 

La tercera parada rumbo a la tibieza tiene que ver con lo que le pasó a la mujer que describe el Libro de Cantares:

 

Cantares 5:2-6 “2 Yo dormía, pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama: Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, Porque mi cabeza está llena de rocío, Mis cabellos de las gotas de la noche.3 Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar? 4 Mi amado metió su mano por la ventanilla, Y mi corazón se conmovió dentro de mí. 5 Yo me levanté para abrir a mi amado, Y mis manos gotearon mirra, Y mis dedos mirra, que corría Sobre la manecilla del cerrojo. 6 Abrí yo a mi amado; Pero mi amado se había ido, había ya pasado;”

Una mujer que dice estar esperando a su Amado y cuando el amado la visita no se quiere incomodar, no se quiere volver a vestir, no se quiere ensuciar los pies de nuevo, como si su amado no valiera tanto la pena.

Pero después decide abrirle, pero cuando le abre, el Amado ya no está sólo ha dejado su olor a mirra, solo ha dejado su perfume, su aroma, pero ella ya no lo pudo encontrar.

Esta es la tercera estación de “Tibioland”, de la tierra de la tibieza: Cuando te conformas con venir a la iglesia y enterarte por donde pasó tu Amado, enterarte que en otras casas el Amado si pasa y se deleitan juntos, pero en la tuya no, solo vas y dices: que bueno estuvo el servicio, a mí no me tocó pero estuvo bueno y regresas cada domingo a la casa donde huele a su perfume, pero de lunes a sábado ni su aroma puedes disfrutar en tu cuarto y mucho menos su presencia.

Apocalipsis 3:17 “17Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

Por esto tiene que devolver el Señor, literalmente, a los tibios, porque su cuerpo, el cuerpo de Cristo sabe que los tibios no le hacen bien al evangelio. Creen que no tienen necesidad de Él y eso enseñan, pero no se dan cuenta que son un infeliz, miserable, pobre, ciego y desnudo.

 

V          DE TIBIOS A TIBIOS

 

Hay dos clases de tibios en esto de medir nuestra propia temperatura: Si eres un tibio y no te importa serlo, eso me preocupa, porque no habrá mensaje que te llegue al corazón, creerás que estás haciendo las cosas medianamente bien y eso te llevará a ser vomitado del Señor.

 

Alejarte del fuego te ha entibiado.

 

Pero si hoy te das cuenta de que te has estado entibiando, si te has estado entibiando porque reconoces que te has alejado del fuego de Dios, has dejado de orar y buscar su palabra como devocional para tu vida, si reconoces que te has estado conformando con el perfume de su presencia pasada, tu tibieza no me preocupa tanto, porque tiene remedio.

 

Esto nos puede pasar a los líderes y pastores, a miembros del grupo de alabanza, que pasamos mucho tiempo buscando que le quiere hablar Dios al grupo o a la iglesia y creemos que con eso es suficiente y se nos olvide buscar a Dios con devoción, para saber qué quiere cambiar en nosotros.

 

Pero para los que, si nos importa el ser temperatura y no sólo un medidor, y como temperatura ser caliente y no frío y menos tibio, pero que hoy pudiéramos darnos cuenta de que estamos siendo tibios, hay una esperanza: La misma que Jesús le dio a su iglesia Laodicea: “Por cuanto no eres frío ni caliente sino tibio, te vomitaré de mi boca…”

 

Apocalipsis 3:18-20 “ 18Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. 19Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. 20He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Dice: Yo reprendo y castigo al que amo, sé pues celoso y arrepiéntete. Arrepintámonos de habernos entibiando y volvamos a Él con devoción y grandes expectativas de ser transformados con su palabra para que podamos ser esa sal de la tierra y esa luz del mundo y para poder ser la temperatura caliente llenos de pasión por Cristo, ni fríos y menos tibios, y no solo un termómetro o un termostato.

 

No seas más un fanático y vuelve al campo de juego que el Señor Jesús te está mandando la pelota para que golees al enemigo.

 

 

VI         MINISTRACIÓN

 

Si reconoces que has estado estacionado en algunas o todas las estaciones que llevan a la tierra de la tibieza, y no alcanzas a ver a tu Amado, el Señor Jesucristo, ve a tu aposento y clámale con desesperación por él: “Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi”, devuélveme la vista espiritual, ponme de tu colirio para no dejarte jamás pasar de largo. Ayúdame a reencontrarme con tu palabra como mi devocional sabiendo que tú hablas para que yo sea transformado. Ayúdame a organizar mi agenda para que nada ni nadie me quite el privilegio de encontrarme contigo todos los días de mi vida. Amén.

 

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