Predicaciones

I MENSAJE CENTRAL

La semana pasada Dios nos habló de cómo las pequeñas cosas, las invisibles, las que nadie puede ver, ni nosotros, pero que están enterrados en nuestro corazón, como uñas enterradas, nos pueden controlar y alejarnos de nuestros propósitos.

Hoy Dios nos quiere hablar, a través de la vida del profeta Elías, de como nos pueden llegar a impactar las circunstancias difíciles de nuestra vida, las que podemos ver claramente y hasta otras personas pueden ver, esas circunstancias externas no pueden controlar y desviarnos de nuestras asignación y propósitos, si no las sabemos manejar correctamente.

 

II          INTRODUCCIÓN

 

A Elías le pasó, y una difícil circunstancia lo hizo querer abandonarlo todo y terminó hasta queriéndose morir, listo para no seguir adelante con su vida. Ahí Dios lo encuentra y le dice: “Levántate y come”, y ahí comenzó su restauración y su nuevo caminar en los propósitos de Dios.

Y eso mismo nos pasa a nosotros a menudo, circunstancias complicadas que nos hacen abandonar el camino por el que Dios nos envió en la vida, de aquí que el mensaje de hoy lleva por título: Levántate y come.

 

 

III         DEFINAMOS A QUE DIOS ADORAREMOS

 

Un poco de historia.

El rey David fue coronado rey en el año 1010 A.C. y su hijo Salomón en el año 970, cuarenta años duró el reinado de David. Después de Salomón, Israel se divide en dos reinos, el reino del norte y el reino del sur, y reinan al mismo tiempo, Roboam (sobre 10 tribus en el sur) y Jeroboam (sobre dos tribus: Judá y Benjamín, en el norte).

 

Estos dos reinos estuvieron llenos de idolatría y corrupción y solo la voz clara de Dios a través de algunos profetas, hacían que el pueblo pudiera no desviarse totalmente de los caminos del Señor.

En el año 875 aparece Elías en la escena como profeta y comienza a hablar al pueblo lo que estos reyes y gobernantes estaban haciendo mal a los ojos de Dios. Por supuesto, no era muy querido por los reyes de ese tiempo porque les decía sus verdades.

 

Uno de esos reyes eran Acab y Jezabel, que gobernaban el reino del norte. Acab era judío, pero Jezabel era una malvada mujer pagana, quien introdujo la adoración a Baal, dios falso de la fertilidad.

Entonces, el pueblo vivía una doble moral, una doble vida espiritual, porque conocían a Dios, servían a Dios, pero muchos también adoraban a Baal, porque así lo ordenaban los reyes Acab y Jezabel.

 

Decidiendo a quien seguir.

 

Un día Elías, que estaba harto de ver a su pueblo adorar a dioses falsos, ser un pueblo de tibios, que quería quedar bien con Jehová, Dios de Israel y con sus reyes, les habló diciendo:

(NVI) 1 Reyes 18:21 “21… —¿Hasta cuándo van a seguir indecisos? Si el Dios verdadero es el Señor, deben seguirlo; pero si es Baal, síganlo a él. El pueblo no dijo una sola palabra.”

Esto también es para nosotros. Ahora no seguimos a dioses falsos de madera o yeso, pero la gente puede tener dioses ajenos en los que confía más que en Dios, como pueden ser: El poder, la posición, la apariencia, los estudios profesionales, nuestra experiencia, o nuestras relaciones personales, el dinero, las posesiones materiales, o hasta alguna persona en particular, todos ellos podrían ocupar el lugar de Dios, siendo nuestros dioses falsos y haciéndonos también idólatras.

 

Piensa: Todo lo que ocupe un lugar más alto que Dios en tu confianza, ese será un ídolo, una especie de Baal.

 

 

IV         MARAVILLADOS POR EL PODER DE DIOS

 

Para ayudar al pueblo a despejar sus dudas, Elías propuso una especie de concurso: Que ambos, los profetas de Baal, que era cuatrocientos cincuenta y otros cuatrocientos de Asera, que era otro dios falso y él hicieran un altar a su Dios, partieran un buey y no pusieran fuego debajo del sacrificio, sino que invocarían a su Dios, y el Dios que respondiere enviando fuego del cielo para quemar el buey del sacrificio, ese sería el Dios al que el pueblo seguiría, y el pueblo estuvo de acuerdo.

Pero, además, el concurso implicaba que el bando que ganara mataría a los profetas del bando que perdiera. Era algo así como un duelo a muerte: Elías contra ochocientos cincuenta profetas falsos que confundían a la gente.

Los profetas de Baal comenzaron, estuvieron todo el día intentando que su dios falso contestara, para llamar su atención hacía cosas raras, bailaban, brincaban, gritaban y hasta se zanjaban la piel para chorrear sangre, y nada, nadie respondió.

 

Elías se burlaba de ellos, les decía:

(NVI) 1 Reyes 18:27 “27 ... —¡Griten más fuerte! — les decía—. Seguro que es un dios, pero tal vez esté meditando, o esté ocupado o de viaje. ¡A lo mejor se ha quedado dormido y hay que despertarlo!”

Llegó la hora del sacrificio y los dioses de los profetas de Baal y de Asera no contestaron. Entonces tocó el turno a Elías, hizo un altar con doce piedras, representando a las doce tribus de Israel, recordándoles que no debía estar dividida la nación, le puso agua, inclusive y oró a Dios diciendo:

(NVI) 1 Reyes 18:36-38 “… Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que todos sepan hoy que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo y he hecho todo esto en obediencia a tu palabra. 37 ¡Respóndeme, Señor, respóndeme, para que esta gente reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que estás convirtiendo a ti su corazón! 38 En ese momento cayó el fuego del Señor y quemó el holocausto, la leña, las piedras y el suelo, y hasta lamió el agua de la zanja. 39 Cuando todo el pueblo vio esto, se postró y exclamó: ¡El Señor es Dios, el Dios verdadero!”

Y entonces todo el pueblo agarró a los profetas y Elías los degolló a todos en un arroyo.

Además de la victoria, Elías oraría para que volviera a llover.

Después de esto, habló con Acab y le dijo que él oraría y volvería a llover, pues tenía tres años y medio que había una sequía, que Dios había mandado a través de una oración que había hecho el mismo Elías. Elías oró y volvió a llover.

 

Elías lleno de gozo.

Que bien se ha de haber sentido Elías después de esos tres eventos sobrenaturales de los que le tocó formar parte: Ver descender fuego del cielo y quemar el holocausto, deshacerse de ochocientos cincuenta falsos profetas que confundían al pueblo para alejarlos del verdadero Dios de Israel y volver a orar para que se quitara esa larga sequía de tres años y medio y volviera a llover. ¡Wow! 

Cada uno de nosotros, de seguro, tiene testimonios de haber visto a Dios obrar de maneras sobrenaturales, sorprendentes, gloriosas. Testimonio de respuestas de parte de Dios que nos llenaron el corazón de asombro y gratitud hasta decir: ¡Wow Dios, gracias! ¿Cierto? Que bien se siente eso sin duda.

 

 

V          MAS VALE QUE DIGAN: AQUÍ CORRIÓ QUE AQUÍ QUEDÓ

 

Ahora, Acab comió con Elías y después se fue antes de que lo atrapara la lluvia y le contó a su mujer Jezabel lo que había hecho Elías con sus profetas y Jezabel envió un mensajero a Elías y lo amenazó diciendo:

(NVI) 1 Reyes 19:2 “… ¡Que los dioses me castiguen sin piedad si mañana a esta hora no te he quitado la vida como tú se la quitaste a ellos!”

Y Elías salió huyendo y se detuvo debajo de un árbol y le dijo a Dios que se quería morir, que ya se lo llevara con Él.

(NVI) 1 Reyes 19:3-5(a) “ Elías se asustó y huyó para ponerse a salvo. Cuando llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su criado y caminó todo un día por el desierto. Llegó adonde había un arbusto,  y se sentó a su sombra con ganas de morirse. ¡Estoy harto, Señor! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados. Luego se acostó debajo del arbusto y se quedó dormido.”

Elías había visto obrar al Señor y luego sale huyendo de la siguiente circunstancia difícil. Elías se asustó con la amenaza de Jezabel, no es que Elías pensara que Jezabel personalmente lo perseguiría para matarlo con sus propias manos, eso hubiera sido inexplicable, que después de matar el solo con ayuda del pueblo a ochocientos falsos profetas, ahora le tuviera miedo a enfrentarse a una mujer.

No, lo que pasa es que Jezabel tenía una fama bien ganada como una mujer malvada, que movía al ejército del rey para que hicieran lo que ella pidiera. Sin piedad mataba a todo aquel que se le oponía, especialmente a los profetas de Dios que todo el tiempo revelaban las atrocidades espirituales que esta mujer hacía.

La Escritura dice que antes de encontrarse Elías con Acán para llevar a cabo esa competencia, se encontró con Abdías, que era siervo de Acán y Abdías le dijo al profeta:

(NVI) 1 Reyes 18:13 “13 ¿No le han contado a mi señor lo que hice cuando Jezabel estaba matando a los profetas del Señor? ¡Pues escondí a cien de los profetas del Señor en dos cuevas, cincuenta en cada una, y les di de comer y de beber!”

O sea, Jezabel era una mujer, como dicen en México, de armas tomar, era una especie de la “reina del sur” combinada con “Rosario tijeras”, la bruja del 71 y la Chimoltrufia, porque ha de haber sido media fea, pues.

Estaba cansado de enfrentar las circunstancias difíciles.

Sin embargo, lo que llama la atención es que Elías ya había sido testigo de que Dios lo respaldaba y aún así prefirió huir de Jezabel en vez de confiar en su Dios Todopoderoso.

Entonces, hay dos cosas que debemos resaltar de ese momento en que llegó al árbol y le pidió a Dios morir: 1) Que le dijo a Dios: “Estoy harto Señor” y 2)que se durmió.

Estas dos cosas nos demuestran que Elías estaba cansado de estar peleando contra las tinieblas todo el tiempo. Enfrentar situaciones difíciles cansa y cansa mucho. Aún cuando vemos a Dios obrar en nuestras vidas, las circunstancias difíciles cansan, por eso vemos tanto cristiano, que tiene testimonios gloriosos y poderosos de ver obrar a Dios a su favor, cansarse y desistir de su llamado, desistir de su asignación y propósito, ¡Niéguemelo!

 

 

VI         COMER PARA FORTALECERNOS Y PERMANECER

 

Pero la clave está en los siguientes versículos:

 

(NVI) 1 Reyes 19:5(b)-7 “Luego se acostó debajo del arbusto y se quedó dormido. De repente, un ángel lo tocó y le dijo: Levántate y come. Elías miró a su alrededor, y vio a su cabecera un panecillo cocido sobre carbones calientes, y un jarro de agua. Comió y bebió, y volvió a acostarse.El ángel del Señor regresó y, tocándolo, le dijo: Levántate y come, porque te espera un largo viaje.”

El cansancio excesivo y el hartazgo que Elías tenía no era por haber enfrentado a los profetas falsos, sino porque no había comido desde hacía varios días.

1 Reyes 18:1-2 “ 1Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra. 2Fue, pues, Elías a mostrarse a Acab. Y el hambre era grave en Samaria.

De por sí, la sequía había traído una gran hambruna a esa región y Elías ahí servía a Dios, pero, al parecer, desde que empezó a preparar ese concurso y luego esperar el día entero para que los profetas invocaran a sus dioses, y luego la faena de degollar con una espada a ochocientos cincuenta hombres, y después caminó todo un día en el desierto sin comer.

Podemos asegurar que llevaba, mínimo, unos tres o cuatro días sin probar alimentos y probablemente más, porque Dios, antes de darle su siguiente encomienda, primero le da de comer.

Y esa es la principal razón por la que muchos cristianos abandonan en medio de las pruebas y las dificultades: Pasan demasiados días sin comer de la presencia del Señor y cuando vienen las circunstancias difíciles, los agarran “sin fuerza espiritual”.

Por eso Jesús comparó el buscar su presencia a comer, cuando dijo:

Juan 6:53 y 55 “53Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

Buscar a Jesús y su presencia debe ser todos los días, porque Él es la comida de donde sacamos las fuerzas espirituales para hacer todo lo que Dios nos ha mandado a hacer.

 

 

VII        SAL DE LA CUEVA Y HABLA CONMIGO, DICE DIOS

 

Sigue diciendo la Escritura:

1 Reyes 19:8-9 “ Elías se levantó, y comió y bebió. Una vez fortalecido por aquella comida, viajó cuarenta días y cuarenta noches hasta que llegó a Horeb, el monte de Dios. Allí pasó la noche en una cueva. Más tarde, la palabra del Señor vino a él. —¿Qué haces aquí, Elías? — le preguntó.”

Esa comida le dio fuerzas para caminar cuarenta días y cuarenta noches por el desierto, una distancia de, alrededor de 320 kms, poco más que de Veracruz a Puebla, pero no por la carretera, sino por el desierto, con dunas y montañas de arena, peligros, etc.

Y cuando llegó al monte de Dios, el mismo monte donde Dios había hablado con Moisés en la zarza ardiente, se metió a una cueva y Dios le pregunta: ¿Qué haces aquí, Elías? ¿Qué haces en una cueva? La cueva es un lugar donde “no llega la señal de Dios”, es un lugar de duda e incredulidad.

A la pregunta Elías se pone muy Bíblico: El amor por ti me consume, porque otros se han apartado de ti, y Dios le dice, sal porque voy a pasar por ahí: y dice la Escritura que vino un fuerte viento, tan fuerte que arrancaba las piedras de la montaña, pero Dios no estaba en el viento, después vino un gran terremoto, pero Dios no estaba en el terremoto, y sigue diciendo la Escritura:

(NVI) 1 Reyes 19:8 “Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva. Entonces oyó una voz que le dijo: —¿Qué haces aquí, Elías?”

Dios cuando te quiere hablar te quiere susurrar al oído demostrándote que está cerca de ti, en cambio satanás tiene que gritarte para tentarte porque no le es permitido acercarse a los hijos de Dios, a los hijos del reino.

Por eso Goliat gritaba, porque estaba lejos del pueblo de Dios, hoy es igual. Entre más cerca estés de Dios comiendo de Él y susurrándole al oído, menos podrás escuchar los gritos que te pega tu Goliat.

 

 

VIII       MINISTRACIÓN

 

Si estás oyendo demasiado fuerte a tu Goliat y quieres abandonar o ya abandonaste tu asignación, es muy probable que sea porque no has comido del cuerpo y la sangre de la presencia de nuestro Señor Jesús y no le has hablado al oído a Dios, eso significa que tienes los oídos demasiado dispuestos para oír los gritos de tus circunstancias y poco dispuestos para oír los susurros de Dios.

Levántate y come de su presencia todos los días, y préstale tus oídos al Señor en el susurro de su voz, que al diablo no se le ha dado permiso sino de gritarte de lejos, de muy lejos. No lo dejes acercar susurrándole a Dios en oración todas tus circunstancias y diciéndole que tus oídos tienen derechos de autor, y Dios es nuestro Autor que tiene todos los Derechos de nuestros oídos y nuestro corazón. ¡Aleluya!

 

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