Predicaciones

I MENSAJE CENTRAL

Hoy Dios nos quiere hablar de como las pequeñas cosas o las cosas que no se ven pueden tomar el control de nuestra vida, alejarnos de nuestra asignación y propósitos y no dejarnos disfrutar lo que Dios nos da.

 

II          INTRODUCCIÓN

 

Déjeme contarle como nació este mensaje.

 

Hace unos días sentí un dolor en mi pie izquierdo, más precisamente en uno de los dedos y más precisamente en el dedo gordo. Había tocado con mi pie el borde de la cama, pero el dolor que sentí fue como si alguien me hubiera pisado fuertemente. Ahí descubrí que tenía una uña enterrada.

 

El dedo gordo se hizo más gordo, se hinchó, se puso rojo y cualquier toquecito que le diera con algo, con el zapato, con la cama, con lo que fuera, él me recordaba que por ese tiempo él estaba al mando.

 

Así es, todo lo que tenía por hacer le tenía que pedir permiso a mi dedo gordo, hinchado y enrojecido, si podía y si él quería.

 

Muchas cosas me dijo que no, “¡No ves que me duele!”,-me decía-. Otras solo me dio permiso de hacerlas siempre y cuando no sintiera dolor y en otras, en cuanto sintió dolor me dio la orden de abandonar esa actividad.

 

Estaba impactado, como una cosa tan pequeña y casi invisible estaba tomando el control de mi vida.

 

Por unos días, mientras curaba la uña enterrada y esta iba sanando, yo me daba cuenta de que iba dejando de darme tantas órdenes y podía hacer yo mi vida más plena y sobre todo disfrutarla, hasta que un día sanó por completo, tocaba mi dedo gordo y ya no me dolía, podía ponerme cualquier zapato y hacer todas mis actividades. La uña había perdido el control de mi vida y otra vez lo tenía yo.

 

Y al siguiente día, por la madrugada, todavía no amanecía, vino a mi mente lo que dio origen a este mensaje: Como se parecen las uñas enterradas a las heridas emocionales del corazón.    

 

La parábola de la uña enterrada.

 

En esta parábola de la vida, el dedo gordo es nuestro corazón, la uña enterrada son las heridas emocionales que la vida nos ha infringido como el rechazo, el abandono, la burla, el abuso, el desprecio, el menosprecio o la desvalorización que la gente a nuestro alrededor nos hizo cuando éramos apenas un niño, una niña pequeña o en los albores de la adolescencia.

 

Esas heridas, que no sanaron, se encarnaron en ti, y ahora se han encargado de hacerte vivir una vida con heridas enterradas que te controlan y no te dejan hacer todo el propósito que Dios te ha dado para tu vida y, sobre todo, no te dejan disfrutarlo, de aquí que el mensaje de hoy lleva por título: La uña enterrada.

 

 

III         DIOS NO NOS DISEÑÓ CON UÑAS ENTERRADAS

 

Todos de una manera u otra hemos tenido “uñas enterradas”, nos han lastimado, porque los adultos que nos cuidaban no fueron perfectos, ni lo son, pero eso es lo menos importante.

 

A mí no me interesaba más el cómo se había enterrado esa uña en mi dedo, que el cómo le hago para sanarla.

 

Mucha gente no le dedica tiempo a sanar su corazón herido porque pasa demasiado tiempo buscando a los culpables, o perdiendo energía y paz al permanecer enojado o frustrado contra los que le enterraron la uña, o porque creen que la vida está bien vivirla con una uña enterrada en el pie.

 

El diseño original no lleva uñas enterradas.

 

Pero algo de lo que tenemos que estar seguros es que en el diseño original de Dios no está el vivir con heridas en el corazón, por eso Isaías, que profetizó setecientos años antes, que vendría el Mesías, que vendría Jesús nuestro Señor y a qué vendría, dijo en:

 

(NVI) Isaías 61:1 “1 El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros,”

Estas son los cuatro propósitos principales a los que Jesús vino a la tierra. Si sigue leyendo ese capítulo de Isaías, se dará cuenta que hay más propósitos, pero hoy nos concentraremos en el segundo propósito: “Me ha enviado a sanar los corazones heridos.”

Que tú y yo tengamos uñas enterradas a lo largo de nuestra vida, no es el asunto, el asunto es que debemos atenderlas para que sanen. Que tu y yo tengamos herido el corazón por el abuso, el desprecio o el abandono, no es el asunto, el asunto es que, si Jesús ya vino a sanar tu corazón herido, esas heridas del corazón deben hoy estar sanadas en Cristo para que puedas hacer y disfrutar el propósito que Dios te ha dado aquí en la tierra.

 

 

IV         LAS HERIDAS CICATRIZAN COMO COMPLEJOS EMOCIONALES

 

Las heridas emocionales suelen endurecerse y convertirse en complejos que hacen que las personas se sientan inseguras e inferiores a los demás, otras suelen sentirse superiores a los demás y otras más suelen mostrarse atormentadas, amargadas o incómodas con las diversas circunstancias de su vida, haciendo que no puedan llevar a buen término las relaciones con personas importantes en su vida: cónyuge, hijos, padres, familia, amigos, compañeros o colaboradores.

 

Dicho de otra manera: Los complejos influyen negativamente sobre el comportamiento de las personas y su vida en general.

 

Los complejos de Saúl y David.

 

Saúl tenía complejos y por eso al ser descubierta su desobediencia pidió que el pueblo no se enterara. Ese fue el principio de su estrepitosa caída y de una vida que no pudo cumplir su propósito.

1 Samuel 15:24-25 y 30-31 “24Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, 25y vuelve conmigo para que adore a Jehová. 26Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel. 30Y él (Saúl) dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres (la NVI dice: que me sigas reconociendo,) delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios. 31Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.”

Saúl necesitaba reconocimiento, tenía complejos que no había entregado a Dios, él tenía delirios de grandeza, por eso le importó más su imagen que el propósito de Dios.

Ahora, David también tenía complejos, pero los había entregado a Dios. Cuando fue descubierto de su maldad pudo pedir perdón, clamó a Dios y se ubicó en el propósito de Dios para su vida:

(NVI) Salmo 51:10-13 “10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. 11 No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu. 12 Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga. 13 Así enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se volverán a ti.”

Ante su pecado descubierto, a David no le importaba nada más que su relación con Dios. Sus complejos lo habían llevado a pecar gravemente, pero esas heridas profundas ya se las había entregado al Señor y por eso pudo restaurar su vida y redireccionarla correctamente.

David no le habló a Dios de más conquistas, no le habló de mejorar su gobierno, no le habló de hacerle mejoras al templo, le habló de servirle yendo a buscar a los pecadores.

 

V          DIOS QUIERE SANARNOS PARA QUE HAGAMOS NUESTRO PROPÓSITO

Y eso es lo que Dios espera de nosotros, pero Dios sabe que para poder enfocarnos en sus propósitos, debemos ser sanados de toda herida, de toda uña emocional enterrada en el corazón, Para podernos concentrar en ello.

Ejemplo de Abraham.

Eso hizo Dios con Abraham, Abraham tenía una uña enterrada que era la vergüenza de no tener hijos, y un día, narra el capítulo 18 del Libro del Génesis, que Dios se le aparece a Abraham en el encinar de Mamre con dos varones más, y ahí le pide que vaya a Sodoma para saber si ya la puede destruir por toda la maldad que había en ella y porque no se habían arrepentido de su pecado. Pero antes de mandarlo a hacer su propósito, le quita la vergüenza y le avisa que de aquí a nueve meses Sara su mujer tendrá un hijo de él.

Primero Dios le sanó la herida de la vergüenza y el desprecio que sentía por no poder tener descendencia y después lo envió a hacer su propósito. Tardó 25 años porque Sara se río y dudó, pero Dios sabe que si quiere que nos concentremos bien en hacer su voluntad nos tiene que sanar las uñas enterradas que tengamos en el corazón.

¿Crees que Dios te va a enviar a servirle y no le van a importar tus problemas o tus heridas? Claro que no, el primero te quiere sanar para que le puedas servir completamente, por eso envió a su hijo a sanar los corazones heridos.

 

VI         HERIDAS SANADAS HACEN PERSONAS DE CARÁCTER FUERTE

El tema principal no es si tienes hoy uñas enterradas sino si estás dispuesto(a) a sanarlas.

Las circunstancias difíciles de la vida no siempre son una consecuencia de las heridas enterradas en nuestro corazón, pero si serán una prueba de si estamos sanos emocionalmente.

El apóstol Pablo lo presentó así:

(NTV) 2a Corintios 4:7“Ahora tenemos esta luz que brilla en nuestro corazón, pero nosotros mismos somos como frágiles vasijas de barro que contienen este gran tesoro. Esto deja bien claro que nuestro gran poder proviene de Dios, no de nosotros mismos.”

Un corazón que brilla es un corazón sano de heridas, pero eso solo puede provenir de Dios. Por eso la Escritura dice:

(NTV) Proverbios 4:23 “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.”

Tu corazón sano te permitirá hacer tu asignación y disfrutar el proceso mientras cumples los propósitos de Dios en tu vida y en tus generaciones.

Y sigue diciendo:

2a Corintios 4:8-9 “8que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 9perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;”

Si se da cuenta, habla de condiciones externas que impactan nuestras emociones.

Las heridas emocionales llevan a la gente a estas cuatro fases de su perdición: comienzan sintiéndose angustiados, luego desesperados, luego se sienten solos y desamparados hasta sentirse destruidos y derrotados.

Por eso Jesús dijo:

(NVI) Mateo 11:28 “28 Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.”

Jesús se llevó nuestras heridas emocionales y sanó nuestras enfermedades físicas, porque ese es el diseño original de Dios, Jesús vino a restaurar todo lo que se había caído.

 

VII        MINISTRACIÓN

 

Reconoce en esta hora tus heridas y los efectos de ellas para que se las puedas llevar a Jesús y el sane tu corazón herido.

Deja de recibir órdenes de una uña enterrada y entrega esas cargas al Señor, porque a eso vino también, a sanar las heridas de tu corazón.

Deja tus cargas emocionales en él y toma su yugo y su carga. Métete debajo de su señorío y haz su obra y eso te hará descansar, pero algo mejor, estarás buscando su reino y su Justicia y todo lo demás que necesites y que anheles te será añadido.     

Te invito a que veas, en nuestra página de Facebook, la serie de Descomplicando Lo Sencillo: Las heridas emocionales y relaciones rotas y sigas paso a paso el cómo entregarle al señor tus heridas emocionales para que puedas ir a servirle al Señor y hacer sus propósitos y además disfrutar de esta vida maravillosa, mientras buscas pescadores para hacerlos volver al camino, ¿qué te parece? ¿Que así sea? Amén.

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