Dom, Sep 04, 2022
EL LENGUAJE DE DIOS. La batalla de la fe contra la boca
Mark 11:20 por Luis David Meza

I           MENSAJE CENTRAL

Hoy vamos a hablar de una quinta batalla que sufrirá nuestra fe nuestra fe de manera permanente toda la vida, además de las batallas contra las riquezas, las emociones, los esfuerzos y la carne, y es la batalla contra la boca.

Lo que hablamos tiene más importancia que lo que pensamos, podemos pensar cosas positivas, pero si terminamos hablando cosas negativas, lo que hablemos prevalecerá contra lo que pensemos.

Serie: AÑO 2022 “AÑO DE REPOSO Y ACELERAMIENTO”

Por eso hoy Dios nos enseñará en su palabra como vencer la batalla permanente que tiene nuestra fe contra las palabras que salen de nuestra boca.

           

II          INTRODUCCIÓN

No sé si usted sabe que todas las personas nacidas desde 1925 para acá se han acomodado en seis grupos a los que han llamado generaciones y cada generación tiene su propio nombre y cualidad.

La Generación Silenciosa (1925-1944), los Baby Boomers (1945-1965), la generación X (1960-1975), los milenials (1980-2000), la generación Z (2000-2012) y la generación Alpha (2012-Actualidad).

Y cada una de ellas usaba un lenguaje informal para comunicarse entre sí que los “identificaba” como parte de esa generación, es decir, usaban palabras especiales como: ¿qué onda?, Chale, Súper, cool, o sea, qué oso, crush, fifí, tóxica, seguidores, like, etc.

A este tipo de palabras se les llama de manera coloquial “la jerga” de dicha generación, cuya definición es: Un conjunto de expresiones especiales y particulares de una profesión, clase social o generación.

Así cómo pudiéramos hablar de la jerga de los albañiles, o de la jerga de los arquitectos, o de los fresas o la “jerga” de tal generación.

Bueno, déjeme decirlo así, Dios también tiene una “jerga”, es decir, un lenguaje especial para comunicarse con sus hijos y su pueblo y esa jerga es el lenguaje de la fe.

De aquí que el mensaje de hoy lleva por título: EL LENGUAJE DE DIOS. La batalla de la fe contra la boca.

           

III         EL PODER DEL LENGUAJE DE DIOS

Esta primera parte se llama: El poder del lenguaje de Dios.

(NVI) Marcos 11:12-14 y 20-23 “12 Al día siguiente, cuando salían de Betania, Jesús tuvo hambre. 13 Viendo a lo lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si hallaba algún fruto. Cuando llegó a ella sólo encontró hojas, porque no era tiempo de higos. 14 «¡Nadie vuelva jamás a comer fruto de ti!», le dijo a la higuera. Y lo oyeron sus discípulos. 20 Por la mañana, al pasar junto a la higuera, vieron que se había secado de raíz. 21 Pedro, acordándose, le dijo a Jesús: —¡Rabí, mira, se ha secado la higuera que maldijiste! 22 Tengan fe en Dios —respondió Jesús—. 23 Les aseguro que si alguno le dice a este monte: “Quítate de ahí y tírate al mar”, creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá.”

Este es el lenguaje de Dios, esta es la manera de hablar que Dios quiere que identifique a Su generación, a los que se saben hijos amados, que sepan que todo lo digan será hecho.

Note que Jesús no los regañó por observar lo de la higuera, más bien los invitó a participar de ese mismo poder y habilidad que es el poder de la jerga de Dios, el poder del lenguaje de Dios.

Vea como repite Jesús la palabra “dice”.

Jesús le está dando toda la relevancia que tiene a las palabras que decimos.

Esta misma invitación te la está haciendo Jesús a ti hoy: Asegúrate de hablar lo que Dios habla y sin duda experimentarás el poder de Dios sobre tu vida.

 

Con la boca se confiesa para salvación.

(RVR60) Romanos 10:10 “10Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

La palabra salvación es la palabra griega Sotheria que significa ser salvado de todo tipo de peligros en la vida, ser libres, ser restaurados, ser sanados.

Y esto tiene sentido con lo que dice Romanos 8:32

(NVI) Romanos 8:32 “32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?”

Si para RECIBIR al Hijo tenemos que hablar, porque Dios nos dejó ese poder en la boca, lo mismo es para RECIBIR todo lo demás que, por el sacrificio de Cristo en la cruz que Él ya ganó para nosotros.

Si tenemos el poder en la boca para hablar y obtener la salvación eterna, qué es el propósito más grande al que vino Jesús a la tierra, ¿cuánto más poder tendrá nuestra boca para todas las demás cosas terrenales?

No importa la circunstancia por la que estemos pasando, reposemos en la confianza en Él y hablemos fe, hablemos lo que Dios haya puesto en nuestros corazones.

Podemos concluir esta parte diciendo que: Hablar su lenguaje, hablar la jerga del reino que nos identifica como hijos amados es hablar fe y hablar fe es el poder que Dios nos dejó en la boca.

 

IV         ¿QUÉ ESTÁS HABLANDO?

Esta parte del mensaje se llama: ¿Qué estás hablando?

Sabemos que algo estás hablando y eso es bueno, pues quiere decir que estás vivo, pero lo importante es saber ¿Qué estás hablando?

¿Estás hablando el lenguaje de Dios u otro lenguaje extraño?

Jesús enseña en el pasaje de la higuera cuál es el lenguaje de Dios que debe identificar a los hijos amados de Dios.

(NVI) Marcos 11:24 “24 Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán.”

Este es el lenguaje de Jesús.

Cuando maldijo a la higuera Jesús no se sentó “a ver” si sucedía o a ver cuánto tiempo tardaba en suceder, no, Él habló y creyó que lo que había dicho eso sucedería, él sabía que desde ese momento las raíces de la higuera se habían empezado a secar.

Este es el lenguaje del reino de la gracia, hablar fe confiando en que es la obra de Jesús en la cruz la que ya nos ha dado todo lo que necesitamos o todo lo que Él mismo ha puesto en nuestros corazones.

Por eso la Biblia dice de Dios:

(NVI) Romanos 4:17(b) “17 Así que Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran.”

Cuando estés en medio de situaciones difíciles, tus emociones te “van a empujar” a hablar cosas negativas, a decir cosas como: “Está muy difícil”, “se ve imposible”, “nunca vas a cambiar”, “ya me cansé de que no pase nada de lo que pido”, “no tenemos dinero”, etc.

Pero ese no es el lenguaje de la generación de Dios, esa no es la jerga de los que se saben tan amados de Dios como Jesús mismo y que viven bajo la gracia y no bajo sus obras.

En medio de esa situación difícil Jesús te dice: Reposa en la confianza en Dios, conforme al mensaje de la semana pasada, pero habla lo que Dios te ha puesto en tu corazón que pasará.

Por ejemplo, ora diciendo: Señor, gracias por amarme tanto, sé que esta es tu batalla y que ya la has ganado para mí, creo firmemente que mi matrimonio está restaurado por la obra de mi Señor Jesús en la cruz, (que mis finanzas son prosperadas, que mis hijos están rendidos a ti, que mi salud me ha sido devuelta, que me han dado ese puesto a mí), etc.

En hebreo No existe el tiempo futuro.

Sabías que en el original hebreo no existe el tiempo futuro, sólo hay pasado y presente, por ejemplo, palabras como iré, tendré, podré, no existen el hebreo original, por eso en las bendiciones de Deuteronomio 28 las dice en presente, sólo que los traductores, para efectos del lenguaje español las traducen en futuro, pero en el idioma del original del pueblo escogido por Dios, Dios les hizo saber que si confiaban en Él esas bendiciones estarían en su presente no en su futuro.

Así que podemos concluir esta parte del mensaje diciendo, que hacernos conscientes de qué estamos orando es muy importante para Jesús, pero no menos importante es el qué estamos hablando, el qué lenguaje estamos usando, cuál es nuestra jerga lingüística que nos identifica como sus hijos amados.

 

V          ¿Y QUÉ ESTÁS ORANDO?

Esta última parte se llama: ¿Y qué estás orando?

Estamos entendiendo que la batalla de nuestra fe contra la boca implica percatarnos de qué estamos hablando, qué está saliendo de nuestras bocas, pero uno de los tiempos más importantes a la hora de hablar es cuando hablamos con Dios.

De aquí que creo firmemente que no se trata de si oras a Dios o no, porque asumo que sí, sino de ¿qué estas orando a Dios?

No son las oraciones lo que Dios ve, es la fe que llevan tus oraciones lo que hace mover a Dios. 

Por eso Jesús les decía: “Tu fe te ha sanado” o “tu fe te ha salvado”, nunca dijo “mi poder te ha sanado”, siempre se refirió a la fe de ellos.

Orando conforme a la ley o la gracia.

Y la pregunta sería ¿Oras conforme a la ley o conforme a su gracia, conforme a tus obras o conforme a su obra.

Vamos a la Biblia a ver cómo Jesús nos enseñó a orar en la Gracia.

(NVI) Lucas 18:9-14 “A algunos que, confiando en sí mismos, se creían justos y que despreciaban a los demás, Jesús les contó esta parábola: 10 «Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro, recaudador de impuestos. 11 El fariseo se puso a orar consigo mismo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros— ni mucho menos como ese recaudador de impuestos. 12 Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibo.” 13 En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!”  14 »Les digo que éste (el cobrador de impuestos), y no aquél (el fariseo) , volvió a su casa justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido

El fariseo oraba conforme a la ley de los esfuerzos propios diciendo: Yo hago tal cosa y hago tal otra, y no hago lo malo, no soy como los malos, algo así, esa oración es conforme a la ley de Moisés, que hemos enseñado que es la ley que te hace creer merecedor o no de bendiciones según tus obras.

El cobrador de impuestos, ojo a esto, que no estaba bajo la ley, pudo orar conforme a la gracia de Dios y dijo: Dios, ten compasión de mí, que soy pecador.

Los dos se sabían pecadores, porque los fariseos también se sabían pecadores, sólo que los fariseos creían que sus obras “les quitaban sus pecados” y el cobrador de impuesto sabía que sólo la compasión de Dios podía ayudarlo.

Uno oraba hablando de sus obras y otro oraba hablando de las obras de Dios. ¿Me sigue?

Jesús resolvía el tema de ser justos.

Jesús estaba resolviendo el tema de ser justos, por eso inicia diciendo que esta parábola se la contó a unos que se creían justos por sus obras.    

Humildes o soberbios.

Al final habla de humildes o soberbios, y enseña que los soberbios son los que hablan y confían en sus obras (bajo la ley) y los humildes son los que confían en las obras de Dios y no en las suyas.

Hay oraciones que no sirven.

Pero lo más importante que quiero resaltar es que Jesús dijo que esa oración, la del fariseo, no sirvió porque ya tenía su propia recompensa, porque su oración estaba basada en sus obras (las obras que demanda la ley) y no en la obra de Dios.

Tus oraciones no sirven cuando están basadas en las obras buenas qué haces o las malas que dejaste de hacer, porque esas oraciones te regresan al pacto de la ley.

Así que cuando ores asegúrate de estar orando con fe la gracia, es decir, todo lo que la obra de amor de Jesús ganó para ti en la cruz y no lo que tus obras crees que hacen, ni siquiera orar, ayunar, predicar o hacer el bien a otros.

Esta es la revolución de la Gracia, porque la Gracia está tomando su verdadero valor delante de su pueblo.

No ores por tradición.

Ejemplo: He escuchado a muchas personas orar en una reunión de iglesia diciendo: “Ven Jesús, bienvenido eres Espíritu Santo”.

Estas son oraciones muy comunes en el pueblo de Dios y se han usado por generaciones, pero no son una verdad conforme a la gracia.

Porque esta oración implica creer que Jesús y el Espíritu Santo no están en la gente, que no están en la misma habitación y tenemos que esperar a que vengan.

Y esa creencia implica que Jesús va y viene de nuestra vida según nuestras obras, si vamos a trabajar o a ver una película Jesús no está, pero cuando ya vamos a tener una reunión de iglesia, ahí ya queremos que venga. Esto es absurdo ¿no cree?

Se oye muy evangélico, pero se está orando la ley y no la gracia.

Orar la gracia sería decirle a Jesús y al Espíritu Santo algo como: “Señor, gracias por tu amor, que siempre estás con nosotros a donde quiera vayamos, que en la cruz tú escogiste permanecer en nosotros a pesar de nuestra maldad y eso nos hace justos hoy a los ojos del Padre, gracias por estar siempre con nosotros, esta reunión es especial para darte honra y gloria a ti”.

¿Encuentra la diferencia?

Bueno, pues le invito a que revise que está orando a Dios y cuide de que, aunque sean oraciones muy tradicionales o conocidas, fíltrelas a la luz de todas las enseñanzas de la gracia que ha recibido desde hace más de un año. ¿Amén?

Podemos concluir esta parte del mensaje diciendo: Qué es muy importante hacernos conscientes de lo que estamos orando.

Que es muy importante orar, pero más importante es ¿qué estamos orando? Para asegurarnos estar orando en la gracia de nuestro Señor Jesús y no orando la ley de nuestras obrar buenas o malas.

                                           

VI         MINISTRACIÓN

Podemos concluir que entra más hablemos con Dios en su lenguaje, más fácil nos será hablar esa jerga que identifica a los hijos amados en nuestros momentos difíciles. 

Hoy Dios nos ha ayudado en su palabra a vencer esa tradicional forma de orar y de hablar para estar hablando con Él y con la gente en su idioma, en su lenguaje.

Hemos visto cuál es el poder del lenguaje de Dios desde el evangelio de la Gracia. ¡Aleluya!

Amén.